Todo lo que deberías saber de Alejandra Pizarnik
- Omar Michael
- 15 sept 2017
- 2 Min. de lectura
LO QUE HAY QUE SABER DE ALEJANDRA...
¿Hacia dónde nos lleva la marea?......oh bella hecha de sal y espuma, vuelve a casa, con tu corazón roto y convertida en La condesa sangrienta.

La prosa de Alejandra cabe dentro del surrealismo, planteando atmósferas opresivas y reveladoras, así como matices de autodestrucción extrema.
Alejandra Pizarnik nació en el seno de una familia de inmigrantes rusos despojados de su apellido original, Pozharnik, al instalarse en Argentina.

Mujer que enfrentó los monstruos de su infancia, encaró en su prosa al constante verdugo que en la infancia la acechaba con interminables comparaciones familiares por ser vista como extranjera. Alejandra hablaba el español con marcado acento europeo, tartamudeaba y los cambios fisiológicos de la adolescencia como el acné y la obesidad marcaron un punto de quiebre en su vida.
Alejandra vivió una temporada en Francia entre 1960 y 1964 donde escribió para la revista “Cuadernos” pero en esa etapa yo destacaría la buena amistad que entabló con los escritores Octavio Paz y Julio Cortázar.
De regreso a casa en Argentina, Alejandra, escribió sus obras más conocidas: "La tierra más ajena" (1955), "Árbol de Diana" (1962) y "Extracción de la piedra de locura" (1968).
Los últimos años de su vida estuvieron marcados por serias crisis depresivas, las podemos encontrar plasmadas en su obra, que está llena de matices surreales, opresivos e inclusive carentes de forma. El hermetismo en su obra nos plantea a una mujer caótica y revolucionaria, inmersa en una constante batalla espiritual que la llevaron a intentar suicidarse en varias ocasiones.
Alejandra pasó los últimos meses de su vida internada en un centro psiquiátrico; el 25 de septiembre de 1972, en el transcurso de un fin de semana de permiso que pasó en su casa, comenzó a consumir de manera descontrolada un medicamento de la familia de los barbitúricos, todo esto con el fin de terminar con su doliente existencia, es así como terminó con su vida, ingiriendo una sobredosis de Seconal sódico.
Pizarnik tenía 36 años, y dejó un legado en prosa que nos ayuda a ver más allá de lo físico, nos transporta a un mundo etéreo y surreal, ese mundo habitado por los demonios nacidos del pasado y de los traumas. En su obra, vemos un punto de inflexión entre lo que pudo ser y lo que realmente es, una realidad devastadora y una batalla perdida, pero solo en lo físico, así es como la obra de Alejandra perdura en la mente y en el espíritu de todas las almas que saben lo que es estar de rodillas mirando el suelo.

Pintando imágenes de extrema soledad, dolor y muerte, Alejandra toma la mano de la enamorada del viento, acaricia la cara del ausente y 50 pastillas ponen fin al viaje…..emprende el vuelo fuera de este mundo pues nunca nadie fue tan profunda ni sedujo tan bien el cuerpo de la poesía como Flora Pizarnik Bromiquier.
Por: Omar Michel





















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